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Con esta sala se ha querido ampliar el angular, tratando de plantear no solo los primeros intentos de una vanguardia arrinconada y desarbolada por reconfigurarse en la sombra, sino también las imágenes y propuestas formales, inmediatamente posteriores al fin de la guerra, de algunos artistas del bando vencedor. Estos emprenden un intento de lograr una estética oficial del régimen a partir de lugares comunes tomados del surrealismo “telúrico” de los años treinta, de la densidad iconográfica de Dalí, de la solemnidad metafísica de la pintura italiana, en una combinación redentora de la ruina y utopía en la reconstrucción, como sucede en las obras de José Caballero, Carlos Sáenz de Tejada o Luis Castellanos, propagadores de una estética pretendidamente portadora de las esencias de lo español. |