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El ascenso de los autoritarismos en Europa condena las vanguardias por su carácter experimental y emancipador. El fascismo y el nazismo suponen una regresión a la tradición, entendida como autoridad e imposición, al tiempo que la vanguardia demuestra su carácter de utopía política. En el contexto español, esta tensión se refleja en el Guernica y en el Pabellón de la República en la Exposición Universal de París de 1937, en plena Guerra Civil española y al borde de la Segunda Guerra Mundial. Joan Miró (1893-1983) comienza a desequilibrar los límites entre pintura y antipintura en un nuevo lenguaje simbólico y gestual. La noción de escultura cambia con la soldadura en hierro, técnica habitual de la industria y que Julio González (1876-1942), en colaboración con Pablo Picasso (1881-1973), aplicará a su obra, influyendo tanto a Pablo Gargallo (1881-1934) como al norteamericano David Smith (1906-1965).
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