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El ascenso de los autoritarismos en Europa condena las vanguardias por su carácter experimental y emancipador. El fascismo y el nazismo suponen una regresión a la tradición, entendida como autoridad e imposición, al tiempo que la vanguardia demuestra su carácter de utopía política. En el contexto español, esta tensión se refleja en el Guernica y en el Pabellón de la República en la Exposición Universal de París de 1937, en plena Guerra Civil española y al borde de la Segunda Guerra Mundial. Miró comienza a desequilibrar los límites entre pintura y anti-pintura en un nuevo lenguaje simbólico y gestual. La noción de escultura cambia con la soldadura en hierro, técnica habitual de la industria. Nacida en 1930 de la colaboración entre Picasso y Julio González, influirá tanto a Gargallo como al norteamericano David Smith.
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