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Colección Patricia Phelps de Cisneros

El Museo Reina Sofía acoge, en el seno del espacio dedicado al segundo tramo de su Colección ¿La guerra ha terminado? Arte en un mundo dividido, el depósito de la Colección Patricia Phelps de Cisneros. Se trata de uno de los conjuntos de arte contemporáneo latinoamericano de mayor valor y calado internacional, un grupo de obras que aporta un profundo conocimiento acerca de un período y una zona del mundo a menudo ignorada por la historiografía tradicional. El depósito de estas obras en las salas del Museo supone un generoso y fundamental apoyo al trabajo que la institución viene realizando en la reactivación de capítulos de la historia del arte antes erróneamente considerados subalternos o derivativos, como el del arte procedente de América Latina.

Las obras de Colección Patricia Phelps de Cisneros se han instalado dentro de un contexto histórico determinado: el de las salas que recogen el auge de la pintura estadounidense y su impacto, el momento en que "Nueva York robó la idea de arte moderno". Como contraimagen de ese mundo aparentemente unívoco marcado por un dogma triunfante dictado desde el Norte, la Colección Patricia Phelps de Cisneros despliega una serie de propuestas que, procedentes también de entornos urbanos (Montevideo, Buenos Aires, Caracas, São Paulo, Río de Janeiro) reformularon esa idea de arte desde perspectivas distintas.

La primera de estas salas Colección Patricia Phelps de Cisneros 1. La invención concreta está dedicada a la vertiente geométrica, al arte concreto y neoconcreto. Frente al lenguaje lírico o dramático, individual e irrepetible procedente del Expresionismo Abstracto, el neoconcretismo de Willys de Castro, Hélio Oiticica o Lygia Clark se afirmaba como un giro especulativo, colectivo y utópico. Sus piezas muestran, a pesar de su aparente hermetismo, ritmos internos y movimientos centrífugos; herramientas que muestran un interés por el juego y buscan de manera silenciosa al espectador al tiempo que desvelan cómo la matemática aplicada al arte no es solo sinónimo de frialdad.

La segunda sala Colección Patricia Phelps de Cisneros 2. Movimiento y participación recoge líneas de fuga que alcanzan al arte óptico y cinético y acoge la evolución de creadores activos en una línea más organicista, la que introduce fisuras en el canon creado por la abstracción geométrica, que muchos consideraron aislada de una realidad "caliente" como la de la compleja situación política y social del continente austral a partir de la década de 1960. Gego, Jesús Soto o Mira Schendel rompieron con el peligro de la congelación de la imagen de una "América fría" y se abrieron hacia un nuevo y vibrante horizonte que implicaba también la participación del espectador.

La imagen que asalta al visitante de estas salas es la de un diálogo trasatlántico: el del desembarco de los modelos del arte geométrico europeo, como la Bauhaus, el grupo De Stijl, el suprematismo o el constructivismo. A su llegada a América Latina, estas propuestas se reactivaron y quemaron los puentes con el territorio de las antiguas metrópolis para hacer de la experiencia concreta una invención, un nuevo terreno para explorar, un lenguaje con vocación de universalidad pero que mostraba fuertes vínculos con lo local. De ese modo, la Colección Patricia Phelps de Cisneros recupera un eslabón perdido de la historia del arte: se sitúa como enlace entre el arte europeo (en este sentido la presentación acoge obras de Josef Albers y Max Bill) y la abstracción hard-edge y pospictórica que anunciaría un nuevo paradigma en la pintura norteamericana.

El discurso de los artistas incluidos establece un eslabón fundamental en el complejo diagrama del arte de la segunda mitad del siglo XX. Se confirma así que el “arte en un mundo dividido” al que hace referencia el título de este tramo de la colección del Museo Reina Sofía no remite al binomio de la Guerra Fría sino a un mundo complejo formado por piezas esparcidas por el mundo. Si antes este arte fue considerado marginal, hoy la Colección Patricia Phelps de Cisneros confirma que era precisamente en esos márgenes en los que se jugaba, en gran medida, el destino del desarrollo posterior del arte y la sociedad.

 

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